Un bus de aficionados de gol norte acompañaron al equipo y sobre las 12 del mediodía se llegó a Tarragona, por lo que tomamos el centro de la ciudad y nos acomodamos en locales de ocio y hosteleros del casco histórico.


Aprovechamos para ir al hotel en donde se hospedaban nuestros jugadores para mostrarles nuestro total apoyo y apurar el tiempo que nos quedaba hasta emprender nuestra marcha hacia el estadio para visitar y contemplar la histórica localidad catalana. Una vez llegados al estadio, nos reunimos con los demás aficionados albinegros que habían emprendido el desplazamiento por su cuenta y los albinegros residentes en Cataluña que habían aprovechado la cercanía del partido para ver a su equipo. Hasta aquí todo tranquilo y normal, hasta que dentro del campo la mayor parte de la afición grana nos hizo una demostración de lo lamentables que son. El Castellón no sabemos si conseguirá la permanencia, pero lo que sí ha conseguido es que los grupos (o bandas de niñatos) de animación del Nàstic resuciten después de tanto tiempo disfrutando de un cementerio de estadio. Los cánticos fueron los de siempre, pues ésta gente no acepta que históricamente hayan estado siempre por debajo de nosotros, además de cantarnos lo mucho que les gustaría que Villarreal fuese la capital de la provincia de Tarragona (lamentablemente para ellos, ese cambio geográfico no depende ni de los tarraconenses ni de nosotros ni de los villarrealenses, siempre ha sido así y siempre será así). Una mujer (o eso parecía que era) nos intentó seducir enseñándonos sus encantos, pues posiblemente ningún aficionado de los que tenía alrededor es capaz de satisfacerla sexualmente y decidió recurrir a nosotros haciéndonos un calvo y un intento de topless, fué sin duda lo más duro del partido, más incluso que la derrota de los nuestros; espero que nadie de la afición albinegra necesite atención psicológica o le cause un trauma ésta anécdota, ya que la imagen fué realmente desagradable.

Los presentes allí nos limitamos a animar a nuestro equipo y a pasar de los ladridos que nos dirigían esa banda de perros que rodeaban la zona visitante; y al final del partido ovación a los nuestros a pesar de la situación crítica por la que estamos pasando y ovación para nosotros por parte de algún aficionado grana en reconocimiento a nuestro correcto comportamiento (ya que los partidos que enfrentan a nuestros equipos siempre son "calentitos"). Siempre es grato encontrar buena gente entre tantos energúmenos, un saludo para los buenos aficionados.